En febrero de 2026, un dron guiado por un hilo de fibra óptica fue utilizado en un atentado terrorista contra el cantón militar San Jorge, ubicado en Saravena (Arauca). Los inhibidores, diseñados para bloquear señales de radio, no encontraron nada que interrumpir. La máquina había aprendido a moverse en silencio. A marzo de este año, el consolidado de las Fuerzas Militares registraba 449 ataques con drones desde 2024, 53 uniformados muertos y 435 heridos. La guerra colombiana, tantas veces descrita como anacrónica, se le adelantó al Estado.
Ese hilo delgado, que facilitó el ataque, conduce a una realidad imposible de ocultar con discursos incoherentes por parte del actual gobierno. Entre agosto de 2022 y mayo de 2026, Colombia acumuló cerca de 50.000 homicidios, incluidos 5.792 registrados durante los primeros cinco meses de 2026. A este deterioro se suma el fortalecimiento de las estructuras armadas ilegales, con cerca de 27.000 integrantes delincuenciales al inicio del año, un crecimiento del 23,5% en apenas doce meses, según la Fundación Ideas para la Paz. Las disputas territoriales alcanzaron trece zonas y los enfrentamientos entre estas organizaciones aumentaron un 34%. Entre enero y abril, cientos de miles de personas sufrieron diferentes afectaciones asociadas al conflicto armado, mientras el desplazamiento, el confinamiento y las restricciones a la movilidad continuaron golpeando especialmente a las comunidades rurales y étnicas.
Estas no son crisis independientes, y evidencian cómo se interrelacionan los frentes criminales, un solo homicidio puede ser el resultado de una economía ilegal, una frontera sin control, una justicia ausente y una organización armada ilegal que suplanta al Estado. Narcotráfico, oro ilegal, extorsión, contrabando, corrupción y lavado de activos funcionan como un sistema. Y a eso debe responder el Estado en tanto evite la fragmentación administrativa y se enfoque en las respuestas articuladas que fortalezca a las instituciones.
Si el Estado continúa enfrentando estas dimensiones por separado, seguirá perdiendo el país por partes.
Esto implica un cambio significativo en la visión de la seguridad. Mientras que, en otros países la principal preocupación son las amenazas externas, en Colombia urge esa red institucional que abarque todo el territorio interno. No basta con proteger las fronteras si el Estado está ausente en la vereda sin juez, el municipio sin capacidades policiales, la carretera controlada por un grupo armado o la comunidad vulnerable en donde los delincuentes coartan a los jóvenes con el único ingreso económico disponible.
El nuevo gobierno del presidente Abelardo de la Espriella tendrá el reto de actuar desde una política de seguridad multidimensional. Mientras se confrontan las amenazas inminentes también se abordan los cultivos de la desestabilización de la seguridad. Significa integrar, bajo liderazgo civil, aquello que la burocracia separó: defensa, seguridad ciudadana, justicia, inteligencia, fronteras, ciberseguridad, desarrollo rural, protección ambiental y política social.
El país necesita una estrategia de seguridad nacional con horizonte superior a un periodo presidencial, con responsabilidades verificables y prioridades territoriales, que recupere capacidades de inteligencia, movilidad, tecnología antidrones, ciberdefensa y seguridad jurídica. Así como, conectar la investigación criminal con la persecución del lavado de activos y concentrar intervenciones integrales en las zonas críticas. Se trata de emplear la coerción legítima con precisión y, al mismo tiempo, cerrar los mercados ilegales, vacíos institucionales y redes de corrupción que reproducen la violencia.
El hilo de fibra óptica hallado junto al cantón San Jorge deja una advertencia para el gobierno que comienza: el crimen ya conectó tecnología, territorio y dinero. Si el Estado continúa enfrentando estas dimensiones por separado, seguirá perdiendo el país por partes. Por eso, necesita actuar como un sistema: la fuerza recupera el territorio, las instituciones lo convierten en Estado.
Publicada en: https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/seguridad-multidimensional-nuevo-rumbo-AN39163517




