A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto, cuando un sismo de magnitud 7,4 sacudió a Colombia, el país volvió a descubrir una de sus fuerzas menos organizadas: la gente que corre hacia el dolor ajeno. Antes de que se consolidaran los balances, ya había vecinos removiendo escombros, transportadores ofreciendo vehículos, médicos dispuestos a viajar a pueblos de los que nunca habían oído hablar y ciudadanos recolectando ayudas. Esa reacción conmueve, pero deja dos preguntas incómodas y necesarias: ¿basta con querer ayudar? ¿Durante cuánto tiempo puede sostenerse ese impulso solidario?
La experiencia de Israel ofrece un aprendizaje útil para transformar ese primer impulso en una capacidad eficiente y duradera. Tras los ataques del 7 de octubre de 2023, se estimó que el 48,6% de la población participó en actividades voluntarias durante las primeras semanas. Surgieron más de mil iniciativas civiles para distribuir alimentos, transportar personas, alojar evacuados, apoyar la agricultura y utilizar capacidades tecnológicas. No fue solamente una explosión de altruismo. Detrás existían organizaciones comunitarias, redes profesionales, experiencia en emergencias y una cultura capaz de convertir conocimientos individuales en respuesta colectiva.
Pero Israel también mostró los límites operativos de la solidaridad. La proliferación de iniciativas produjo vacíos de coordinación, duplicación de esfuerzos y dificultades para compartir información. Algunos voluntarios asumieron tareas para las cuales no estaban preparados, mientras otros padecieron agotamiento y trauma secundario. Además, hacia la quinta semana la participación había descendido al 29%. ¿Cómo sostener el esfuerzo cuando los voluntarios deben regresar a sus responsabilidades familiares y laborales?
El próximo desastre no preguntará cuántos colombianos querían ayudar, sino cuántos estaban preparados para hacerlo
La primera lección consiste, entonces, en no limitarse a convocar multitudes, sino en sostener capacidades. La segunda es igualmente decisiva: el voluntariado debe apoyar al Estado sin sustituirlo. Cuando ocupa permanentemente el lugar de las instituciones, deja de ser solamente una fortaleza y empieza a revelar una falla de gobernanza.
Entonces, ¿cómo articular de manera efectiva a esos voluntarios? Colombia cuenta con la UNGRD, los organismos de socorro, la Fuerza Pública y valiosas organizaciones humanitarias. Sin embargo, sus capacidades territoriales son desiguales y las emergencias suelen encontrar municipios con pocos recursos, comunicaciones frágiles y comunidades aisladas. Por eso necesita una Reserva Nacional de Voluntariado para Emergencias: un ejército civil sin armas, creado para rodear al Estado, no para reemplazarlo.
Esta reserva permitiría saber previamente quién sabe hacer qué y dónde se encuentra. Médicos, enfermeros, ingenieros, psicólogos, radioaficionados, transportadores, expertos en logística, operadores de maquinaria, líderes comunitarios y ciudadanos dispuestos a servir podrían registrarse, capacitarse y participar en simulacros. Su activación debería responder a niveles de riesgo, acreditaciones, mando territorial, turnos de relevo, acompañamiento psicológico y una plataforma común de información. Sus misiones serían concretas: primeros auxilios, comunicaciones, evaluación de daños, logística humanitaria, reunificación familiar y atención de poblaciones vulnerables.
La movilización humanitaria ha mostrado el lado más generoso de los colombianos. Sin embargo, su impacto se medirá en tiempos de respuesta, comunidades alcanzadas, necesidades verificadas, duplicaciones evitadas y capacidad sostenida cuando desaparezcan las cámaras.
Colombia necesita fortalecer su política de gestión del riesgo para convertir la solidaridad en una capacidad nacional organizada y medible. El próximo desastre no preguntará cuántos colombianos querían ayudar, sino cuántos estaban preparados para hacerlo. Entre una intención generosa y una vida salvada existe una diferencia que Israel aprendió a convertir en estrategia: organización.
Publicada en: https://www.elcolombiano.com/opinion/columnistas/el-ejercito-de-voluntarios-que-colombia-necesita-NA40154966




