Las elecciones terminaron. El discurso de victoria fue pronunciado, las celebraciones quedaron atrás y ahora comienza la etapa más difícil: gobernar a partir del próximo 7 de agosto.
Abelardo de la Espriella recibió un mandato claro de millones de colombianos que esperan algo más que un cambio de gobierno. Esperan un cambio de rumbo. Después de cuatro años marcados por la incertidumbre, el deterioro de la seguridad, el crecimiento de las economías ilícitas y la pérdida de confianza en las instituciones, el país va a exigir una respuesta clara al interrogante fundamental: ¿hacia dónde vamos?
Los primeros meses de una presidencia están llenos de símbolos. Los ciudadanos observan los nombramientos, las reformas anunciadas y las prioridades del nuevo gobierno. Cada decisión envía un mensaje. Algunas hablan de economía. Otras de política social. Sin embargo, en la Colombia de hoy hay un asunto que condiciona todos los demás: la seguridad.
Por esta razón, la primera gran decisión internacional del presidente electo debería ser solicitar formalmente el ingreso de Colombia al Escudo de las Américas, una alianza regional impulsada por Estados Unidos para coordinar acciones contra el narcotráfico, el crimen organizado transnacional y las amenazas que desbordan las fronteras nacionales. Esta acción es más que una coalición militar o diplomática, es una señal estratégica: Colombia debe volver al centro de la seguridad hemisférica.
Más allá de los debates ideológicos que rodean esta iniciativa, existe una realidad que ningún gobierno debe ignorar. El crimen organizado no es un problema exclusivamente colombiano. Las organizaciones que trafican cocaína también participan en minería ilegal, contrabando, tráfico de migrantes, lavado de activos y delitos cibernéticos. Operan simultáneamente en varios países, aprovechan la globalización y utilizan tecnologías cada vez más sofisticadas. Mientras ellas actúan como redes transnacionales, los Estados continúan enfrentándolas, muchas veces, desde respuestas fragmentadas.
Colombia conoce mejor que otros Estados esta amenaza. Durante décadas ha pagado un alto costo humano, económico e institucional por enfrentar estructuras criminales que mutan constantemente. Esa experiencia le ha permitido desarrollar capacidades únicas en inteligencia, investigación criminal, interdicción y cooperación internacional. Por ello, Colombia debe ser un protagonista en las nuevas iniciativas hemisféricas de seguridad y no un mero observador.
Las primeras acciones revelan las verdaderas prioridades de un gobierno, y si la seguridad será la piedra angular de esta nueva etapa nacional, entonces el primer paso parece evidente.
La incorporación al Escudo de las Américas tendría además un significado geopolítico profundo. Representaría la reconstrucción de una relación estratégica con Estados Unidos en momentos en que la seguridad vuelve a ocupar un lugar central en la agenda regional. También enviaría una señal de liderazgo frente a un fenómeno que amenaza la estabilidad democrática de numerosos países del continente.
El reconocido analista Moisés Naím ha advertido cómo las redes criminales modernas prosperan allí donde los Estados fracasan en coordinarse. El crimen organizado entiende la lógica de la cooperación mejor que muchas democracias. Esa paradoja explica buena parte de los desafíos contemporáneos en materia de seguridad.
Por supuesto, ninguna alianza internacional resolverá por sí sola los problemas de Colombia. La recuperación de la seguridad exige desarrollo social, fortalecimiento de la justicia, recuperación del control territorial, combatir la corrupción y reconstruir la confianza ciudadana. Por esto, las grandes transformaciones comienzan con señales políticas claras.
Los colombianos eligieron un nuevo modelo presidencial porque quieren resultados diferentes. Ahora el desafío consiste en demostrar decisión tras decisión que Colombia será gobernada con dirección estratégica, atrás quedará la improvisación y la desidia. Las primeras acciones revelan las verdaderas prioridades de un gobierno, y si la seguridad será la piedra angular de esta nueva etapa nacional, entonces el primer paso parece evidente.
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